Me presento. Soy Casiopea

El Maestro Hora habla de lo mismo desde que comienza el día, aunque, bien visto, ¿cuándo comienza el día? ¿Qué es un día? Son invenciones humanas, sí, ¡pero menudas invenciones! Cómo me gusta su imaginación, se pasan el día inventando juegos. A veces me escondo detrás de los matorrales y les observo jugar. En ocasiones me imagino que soy uno de ellos, de hecho es una de mis aficiones favoritas, junto con perseguir mariposas. Son muy rápidas para mí, pero luego vuelven y se posan en mi caparazón, yo estiro el cuello hacia ellas y entonces huyen creyendo que las quiero comer. Después suelo volver por las calles y los callejones al antiguo anfiteatro, donde el Maestro Hora siembra el tiempo que sobra para que éste florezca en forma de hierba y lo pueda comer. Él me dice que soy afortunada, me dice:

—¡Eres afortunada, Casiopea!

Lo dice porque puedo ver el futuro. Puedo ver treinta minutos humanos antes de que éstos ocurran, y él cree que esto es bueno, pero se equivoca, esta habilidad hace de la vida algo tedioso en lo que todo ocurre dos veces. Pero Momo… con Momo no importa que las cosas se repitan, ella hace que lo que ya he visto parezca diferente. ¡Me gustan tanto sus trenzas! Estirar el cuello todo lo que puedo y que ella se aparte, haciendo que su pelo se balancee y parezca que baila. Esta niña es especial, ya lo dijo el Maestro Hora, de hecho lo dijo dos veces.

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