Crónica Centro Cultural El Torito 21 de Octubre de 2017

Sábado, nueve en punto. Es una mañana gris, lluviosa. Vamos llegando a la parroquia para coger el atrezo y llevarlo hasta el Torito, menos mal que está sólo a unos trescientos metros. Cuando ya son las nueve y media está todo descargado en el centro cultural, ahora toca organizarse, unos a preparar el maquillaje, otros a montar la escenografía…

El que no estaba con el péndulo enchufaba las luces o repasaba una coreografía. Visto desde fuera parecería que lo habíamos ensayado miles de veces, pero la verdad es que somos siempre así, en el momento de la verdad trabajamos como un auténtico equipo donde cada uno tiene sus responsabilidades y siempre está dispuesto a ayudar a quien lo necesite.

 

Ahora ya estaba todo listo. A las once y cuarto el público entraba para buscar la mejor localidad, mientras que dentro a algunos nos podían los nervios mientras nos terminaban de maquillar y hasta se nos olvidaba dónde habíamos dejado nuestras cosas, pero no pasa nada, es lo normal. Al final sabemos que siempre lo haremos bien. Ya son las once y media, se abre el telón y Siri anuncia el comienzo de la actuación. La obra transcurre con normalidad, aunque tal vez en algún momento nos despistemos en un paso de baile o que se nos olvide una frase, en los momentos clave de la obra jamás fallamos y lo damos todo.

 

Porque el mensaje de la obra es importante, es esencial que el público vea el reflejo de la realidad en escenas en las que de primeras pueda parecer que no tienen nada que ver, cuando en realidad tal vez en su día a día ya se hayan cruzado con los hombres grises. No hay que olvidar el valor de saber escuchar y disfrutar de la compañía de nuestros seres queridos, porque son el motor de nuestro corazón.

 

Tras dos horas de actuación todo son aplausos y nosotros salimos a saludar, muy orgullosos, porque sabemos que a pesar de las dificultades que se nos presentan en cada actuación, siempre nos sobreponemos a las adversidades y logramos sacarla adelante. Después de esto toca recoger, porque queda media hora para que sean las dos y el centro cultural va a cerrar, de modo que recogemos a toda prisa medio desmaquillados y aunque parezca increíble, lo hicimos aún con más eficacia que cuando tuvimos que montar el escenario. Para las dos y media ya lo habíamos guardado todo en su sitio y descansábamos tirados por el suelo tras la agotadora mañana mientras algunos hacían lo que podían para quitarse lo que les quedaba de maquillaje.

 

Para las tres ya estábamos comiendo todos juntos, como una gran familia mientras compartíamos anécdotas entre risas, recordando todas las cosas que habíamos tenido que hacer para llegar hasta allí y lo bien que salió todo gracias a nuestro esfuerzo. Porque cuando trabajas con el corazón puedes transformar una fría mañana en un caluroso atardecer.

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